domingo, 3 de julio de 2016

¿DOBLE PERSONALIDAD?

El psicólogo Jerome Bruner -recientemente fallecido a los 100 años de edad- planteó que nuestra mente está organizada narrativamente. Lo que somos, nuestra identidad, es una historia co-construida con los demás y que nos contamos a nosotros mismos en el afán de entendernos y definirnos. En realidad no es solo una; son múltiples historias que nos sirven para narrarnos y darle significado a nuestras experiencias cotidianas. 

Por su parte, Kenneth Gergen definió a la persona como la intersección de todas sus relaciones y, por consiguiente, de todas sus historias. En otras palabras, somos seres multihistoriados. Esa multiplicidad de historias se desprende inevitablemente de la variedad de relaciones y contextos en los que participamos, y en los cuales vamos tejiendo relatos de identidad diferentes, que nos enriquecen como individuos. 

Para ser más claros aún podemos apelar al concepto de sinergia: cuando A + B produce C (siendo C la forma de ser de A, si es a esa persona a quién observamos). ¿Qué pasará si A interactúa con D, con E o con F? El resultado no seguirá siendo C, sino más bien X, Y o Z. 

Múltiples identidades. Múltiples “personalidades”, dependiendo de con quién se esté. Esto nos parecerá extraño, y hasta patológico, si todavía nos guiamos por la idea, ya en desuso, de que tenemos una sola personalidad, la que se supone nos debe dar coherencia y volvernos “estables”, predecibles y fácilmente comprensibles. Esta exigencia nunca ha podido ser cumplida, salvo quizá por personas con una vida pobre y monótona, que reflejan el mismo destello de luz una y otra vez, porque nunca se mueven del sitio en el que están. 

En conclusión ser “candil de la calle y oscuridad de su casa”, por usar la frase popular, está más cerca de la “normalidad”, que la heroica entereza. 

domingo, 27 de marzo de 2016

EL CERCO SEMÁNTICO EN LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DE REALIDADES E IDENTIDADES


En la actual coyuntura política electoral (me refiero al proceso electoral peruano de 2016) que vive mi país, el Perú, se escucha con frecuencia la expresión “cerco informativo”. Dicha expresión trata de graficar la práctica que ejercen los grupos de poder –propietarias de los medios masivos de comunicación-, tendiente a administrar el flujo de información de que disponen las personas. Estos grupos utilizan una especie de filtro, permitiendo que ciertas noticias sean difundidas y bloqueando otras, según sus intereses y agendas. Además, de ser necesario, recortan, distorsionan y hasta inventan la información a fin de generar el impacto social, político y económico que se desea lograr. Aunque existen otras fuentes potenciales de información (los blogs, la internet, los diarios digitales, y hasta el boca a boca), es innegable que los medios más formales y masivos son los que las personas privilegian, y de allí su poder.

A la expresión “cerco informativo” queremos sumar el concepto de “cerco semántico”, el mismo que vendría a ser consecuencia del primero, es decir, en algunas ocasiones, un efecto intencional, planificado e interesado, pero también, en otros contextos, la resultante casi inevitable y “casual” del accionar comunicacional de los sistemas lingüísticos rígidos, y, hasta cierto punto, cerrados.

Gergen (1997) dice “Las creencias en lo verdadero y en lo bueno dependen de que haya un grupo, inspirador y homogéneo, de partidarios de dichas creencias, quienes definan lisa y llanamente aquello que, según suponen, está “allí” sin lugar a dudas” (p. 13-14).

De lo dicho por Gergen quiero resaltar lo de “homogéneo”.

Cuando en un sistema lingüístico rígido se llega a esa homogeneidad en las conversaciones, a esa especie de consenso, es que ya hemos entrado en el cerco semántico. La metáfora del cerco nos parece adecuada porque en la mayoría de las interacciones y conversaciones que se mantienen se usan las mismas claves y las mismas comprensiones (o muy similares), generando un efecto de uniformidad monocorde y monosemántica de la que es difícil escapar. Es como sí, se mire donde se mire y se escuche lo que se escuche, se obtienen los mismos significados o poco menos.

El efecto que esto puede producir en la generación y sostenimiento de las identidades, tanto individuales como grupales, es evidente. Lo más probable es que surja la sensación de ser único, uniforme, unidimensonal, con una identidad y una personalidad rígidas, incambiables, esenciales y predeterminadas. Aquí los viejos discursos biologistas, neurológicos y genéticos hacen su aparición para confirmar que estamos ante una “naturaleza”, individual o colectiva (White y Espton, 1993).

Pongamos un primer ejemplo. En cuanto una persona refiere a otra que escucha voces, pone en marcha sin saberlo una cadena de acciones y reacciones culturales, que se nutren de los discursos médico y psicológico en vigencia, y que la terminarán ubicando en el rol de enferma, siguiendo una “ruta” preestablecida socialmente para los que padecen ese tipo de “síntoma” (Whitaker, 2015).

Al respecto, Eleanor Longden, en su conferencia Ted "Voces en mi cabeza", refiere que sus dos grandes errores fueron, primero, comentarle su experiencia de oír voces a una amiga, la misma que se asustó y le pidió insistentemente que busque ayuda médica y, segundo, ir a buscar esa ayuda con un profesional que prácticamente la desahució y le dijo que menos malo hubiese sido si le daba un cáncer en lugar de “tener esquizofrenia”.

En el cerco semántico de Eleanor, la amiga y el psiquiatra fueron los dos primeros ladrillos. Claro, el hecho mismo de que  necesitase contarlo, venciendo la vergüenza y el miedo, es un indicador de que ese “panóptico internalizado”, propio de la sociedad disciplinaria y normalizadora en la que vivimos (Foucault, 2006), ya era parte de la narrativa de la propia Eleanor. En su caso el cerco, entonces, comenzaba en ella misma y se fue tejiendo, cada vez más densamente, a medida que iba internándose en los recovecos de los servicios de salud.


Le tomó siete años, y la suerte de toparse posteriormente con profesionales que hicieron la diferencia (profesionales ubicados "del otro lado"), para ir saliendo del cerco semántico de la medicina formal, y poder resignificar el escuchar voces como una experiencia más y no como un síntoma patognomónico de enfermedad. Todo el malestar, el sufrimiento, y los otros problemas que surgieron por el hecho de vivir cercada, se fueron poco a poco, a medida que aceptaba sus voces y aprendía a vivir con ellas. Salir del cerco la curó. No el dejar de escuchar las voces.

Simplifiquemos el proceso. La persona tiene experiencias precalificadas culturalmente como anormales; recurre a alguien –familia, amigos, profesionales- en busca de apoyo, y obtiene a cambio miradas, expresiones, comentarios, evasiones, diagnósticos, admoniciones, sospechas, desconfianzas, exigencias e incluso presiones, que la empujan en la dirección de ese gran campo semántico llamado patología. Sí, como diría Wittgenstein (1999), los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo, el mundo de la persona patologizada, ubicada dentro de este cerco semántico, se ve sustancialmente restringida.

Utilizando aquí el concepto de performatividad, desarrollado por Judith Butler (2006) para entender la identidad de género, el cerco semántico produciría “enfermedad mental” performativamente. Detectado lo anómalo, va tejiendo en torno tuyo, cual pijama, una identidad limitada y limitadora que direcciona tu vida y se sostiene por los discursos de imposibilidad (O’Hanlon, 2001).

Escuchar voces y ser diagnosticado, entonces, limita a la persona, pero no necesariamente por lo que realmente le genera “su enfermedad”, sino por lo que “se supone” le genera: una de las primeras cosas que se le sugiere al esquizofrénico debutante es que deje de estudiar o renuncie a la intención de hacerlo, porque "no va a tolerar el estrés". De igual manera, que no se case ni tenga hijos "porque es una enfermedad hereditaria". El diagnóstico conlleva cancelar muchos proyectos y cerrar muchas puertas. Una verdadera encerrona, un cerco.

¿Existe alguna vía de salida? Creemos que sí. Deconstruir los diversos componentes que conforman en cerco semántico de la enfermedad y validar las experiencias, sean cuales fueren, es una forma de ir abriendo brechas que vayan liberando a las personas de destinos preestablecidos. En ese sentido, la ética de la externalización que plantean White y Epston (1993) es un medio muy interesante para ir separando a la persona de los problemas, a la par que también se puede externalizar los discursos de déficit e imposibilidad que se han ido internalizando por la educación.

El cerco semántico es una fuente de significados restringidos que a su vez restringe las interpretaciones y las formas de construir la realidad. Limita las prácticas y las opciones para transformar esa realidad. Es un mecanismo recursivo, pues el cerco lleva a prácticas que a su vez mantienen vigente al cerco.

Como dice Heinz von Foerster (2014), "El lenguaje y la realidad están íntimamente conectados, por supuesto. Suele sostenerse que el lenguaje es la representación del mundo. Yo más bien querría sugerir lo contrario: que el mundo es una imagen del lenguaje. El lenguaje viene primero, el mundo es una consecuencia de él" (p. 100).

Referencias.
Butler, J. (2006). Deshacer el género. Barcelona, España: Paidós.
Foerster, H. (2014). Visión y conocimiento: disfunciones de segundo orden. En: D. Fried (Ed.). Nuevos paradigmas, cultura y subjetividad (pp. 91 – 114). Ohio, USA: The Taos Institute.
Foucault, M. (2006). Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión. Buenos Aires, Argentina: Siglo Veintiuno Editores.
Gergen, K. (1997). El yo saturado. Dilemas de identidad en el mundo contemporáneo. Barcelona, España: Paidós.
O'Hanlon, B. (2001). Desarrollar posibilidades. Barcelona, España: Paidós.
Whitaker, R. (2015). Anatomía de una epidemia. Medicamentos psiquiátricos y el asombroso aumento de las enfermedades mentales. Salamanca, España: Capitán Swing Libros.
White, M. y Espton, D. (1993). Medios narrativos para fines terapéuticos. Barcelona, España: Paidós.

Wittgestein, L. (1999). Investigaciones filosóficas. Barcelona, España: Ediciones Altaya, SA.

sábado, 30 de enero de 2016

PAPEL DE REGALO TERAPÉUTICO.-

Una pregunta que ayuda a identificar la postura del cliente, utilizar luego dicha postura para acceder al consultante y "vender" la sugerencia, puede ser: ¿Cómo te gustaría que sea tu vida? ¿Cómo te gustaría vivir?
La respuesta suele ir acompañada de valores, metas, expectativas, que pueden ser el "envoltorio" de la sugerencia futura.
Si la persona dijese, por ejemplo, "quiero que mi vida sea tranquila y llena de afecto", podríamos usar la tranquilidad y el afecto (valores importantes para la persona) como una forma de darle un sentido más personal a la sugerencia terapéutica, y motivar así su cumplimiento.
Tomando el ejemplo anterior podríamos decirle: "De lo que te hemos escuchado decir, queremos rescatar algo que, a nuestro entender, podría ayudarte a lograr una mayor tranquilidad y a ir construyendo un clima más afectivo como el que tú deseas...", y agregar aquí la sugerencia. De preferencia, una sugerencia que sea la expresión concreta y práctica de una recurso claramente establecido en la conversación previa.
Gracias al Dr. Ruperto Charles por la idea.

MIL MANERAS DE EMPEDRAR TU CAMINO AL INFIERNO CON BUENAS INTENCIONES

CASO DE LA VIDA REAL N° 325
Voy caminando por la calle, esquivando taxis y combis, cuando llama desde el Japón una señora desesperada. Se le nota en el tono de voz y en el ritmo acelerado. Habla hasta por los codos, corta, no deja responder, interrumpe. Clama, ruega, implora. Lloriquea en el auricular que le salven al hijo que no se deja ayudar. La verdad, impacienta un poco escucharla.

Encerrado en su cuarto hace semanas, el hijo casi no come, no estudia, está dado al abandono y culpa a la mamá (a la que no ve hace buen tiempo) de ve tú a saber qué desatinos del pasado.
Comprensible la desesperación y la verborrea consiguiente de esta madre.
El hijo es un hombre hecho y derecho; no es un adolescente hace mucho. Fue a varios profesionales y no volvió porque no hicieron magia en una sesión. El no los buscó ni los pagó; lo hizo la madre desde el otro lado del planeta. Ahora quiere intentarlo conmigo.
Esta historia nos demuestra que los problemas nunca son individuales. Siempre son relacionales. Los síntomas los tiene el hijo pero el problema es de la madre. La madre se lo compró íntegro aunque a quien le pica es al hijo. Pero no deja que lo rasquen.
Esta "patología" es la resultante (entre otras variables) del tironeo entre la madre y el hijo, sazonado con historias del pasado que le dan justificación a las acciones que se emprenden ahora, y le otorgan un marco de inteligibilidad: "está enfermo, help".
También nos indica por qué no es bueno ir por delante del "paciente", usurpando la responsabilidad por su salud, y generando en consecuencia nuevos problemas.
Sarna con gusto no pica, ¿recuerdan?
¿Qué se le dijo a la madre? Más o menos...
Primero, que vea si puede quitarse el tono quejumbroso de la voz, que muy probablemente el hijo capta, y que lo debe desesperar como lo hizo un poco conmigo en treinta segundos.
Segundo, que deje el pasado atrás, porque los "errores" cometidos "in illo tempore" no tienen nada que ver con lo que pasa ahora (los problemas se emancipan de sus "causas").
Tercero, que le ofrezca ayuda al hijo como si le ofreciera una bandeja de bocaditos: "¿quieres? ¿gustas". Y si no quiere que le diga que la bandeja está allí para cuando lo desee. Es, creo, una variante de lo que Nardone sugiere: "me gustaría que hagas tal cosa pero no puedo obligarte".
Cuarto, que deje que el hijo se "macere" un rato en los jugos de su problema sin meterse ella tanto, hasta que el problema del hijo vuelva a ser el problema del hijo. Recién ahí este querrá hacer algo real. Seguro.
Si alguien se queja de comezón no hagas nada hasta que te pida que lo rasques. A lo más pregunta, ofrece, para quedar bien con tu conciencia.
No se puede jalar a nadie hacia la salud.

martes, 29 de diciembre de 2015

HARLENE ANDERSON POLÉMICA (NO APTO PARA SISTÉMICOS FANÁTICOS)

  • "En mi perspectiva, la familia no existe. No hay una familia; la familia no existe dentro de un mundo social rarificado. Para mí, la familia es una realidad basada en la comunicación. Por consiguiente, hay tantas familias como miembros del sistema hay, incluido el terapeuta que lo define".
  • "Creo que pensar en familia puede ser tan oscurecedor como pensar en topologías y categorías".
  • "Desde una perspectiva postmoderna, sea que se trabaje con un individuo o con un grupo de individuos que se llamen una familia, siempre trabajamos con descripciones y explicaciones múltiples y cambiantes, socialmente construidas".
  • "Las terapias orientadas hacia metas (tales como interrumpir pautas disfuncionales, impulsar una solución, buscar una excepción o crear una narrativa sustitutiva), y basadas en el conocimiento, teoría o experiencia preexistentes, limitan las opciones disponibles en el discurso terapéutico porque acentúan y buscan solamente lo que ya se sabe".
  • "Desgraciadamente, en nuestra cultura de terapia la palabra problema tiene una connotación fija y es conceptualizada como algo que requiere solución. Solución tiene la connotación de arreglar algo. Creo que una terapeuta ni resuelve problemas ni arregla nada. La exploración del problema en el curso de la terapia lleva a su disolución, no a una solución. Los problemas no se resuelven sino que se disuelven en el lenguaje. Desde mi punto de vista, lo importante es el proceso por el cual uno habla acerca de algo, no su contenido (por ejemplo, problemas o soluciones)".



domingo, 20 de diciembre de 2015

PAREJAS y COMPROMISO


Si -como dice von Foerster- para ver (o sea, para experimentar, sentir, desear, querer, etc) hay que actuar (o, como diría otro, "somos lo que hacemos"), el tema del comprometerse e involucrarse en una relación y darle continuidad en el tiempo, pasa más por hacer cosas que generen compromiso ("compromisogénicas" si se me permite el neologismo) que por simplemente desearlo o esperar a que ocurra y cruzar los dedos.
Ingenuo es creer que el compromiso viene solo, que es producto principalmente de la valoración del otro, de la fuerza de voluntad, de la madurez o que es un índice de la intensidad del amor que se experimenta (no se olviden que el amor es eterno mientras dura).
El compromiso es resultado, reitero, de hacer cosas que generen compromiso: firmar papeles por ejemplo. Comprar cosas juntos por ejemplo. Realizar rituales sociales de compromiso, por solo mencionar algunas cosas. 
La foto en el face y el tener un hijo no bastan, sorry.
Muchxs no lo pueden entender. Este tipo praxis parece que ya no se usa. Ya no está de moda. "Cansa". "Aburre".
La visión romántica y descontextualizada (tratar de entender a las personas fuera del contexto relacional presente) que los individuos tienen de si mismos es la responsable de la mayoría de rupturas.
Mucha telenovela barata. Mucho Arjona. Mucho "terapeuta" ignorante.
Y luego miran a cielo y preguntan por qué a mi. Y repiten el plato.