viernes, 14 de octubre de 2016

RECORTAR Y COSER. Editando el problema a partir de las preguntas



La mujer llega a consulta. Se la nota enojada. Luego de hablar de temas intrascendentes a fin de romper el hielo, ella se anima a ir al grano: “Bueno, vengo a consulta porque pasó algo terrible, algo que me tiene muy perturbada; una semana atrás sorprendí a mi esposo vestido con mi ropa. Empecé a sospechar desde hace unas semanas, porque notaba la ropa deformada, estirada y que la lavaban sin que yo la hubiera usado. Entonces comencé a espiarlo y lo sorprendí usando mi falda, mi blusa, mis zapatos, mis medias y completamente maquillado. Parecía una mujer. Grotesca, pero mujer. Me quedé muda y no paré de llorar toda la noche”. Aunque he escuchado de todo en los años que hago consulta, era la primera vez que escuchaba una historia semejante. Traté que mi sorpresa no fuese notoria, y terminar sin querer avergonzando a la señora.
Para muchos el problema sería obvio: un caso de travestismo masculino. Y supuestamente habría que tratarlo a él principalmente y a su “perversión”, y ver qué se puede reparar en la relación. Yo opté, en cambio, por no apresurarme con conjeturas o diagnósticos, y seguir la sugerencia de los terapeutas centrados en la soluciones de “ir un paso por detrás del consultante”.
Luego de recabar cuidadosamente un poco más de información, para comprender el contexto, invité a la señora a responder algunas preguntas reflexivas.
La conversación que se dio fue más o menos como sigue:
T.. ¿Puedo hacerte algunas preguntas, para comprender mejor cómo puedo ayudarte?
P. Claro.
T. Disculpa lo ingenuo de mi pregunta, pero ¿cómo el descubrir que tu esposo se viste en ocasiones de mujer es un problema para ti?
P. Me parece rara tu pregunta, ya que creo que es obvio…Me asusta pensar que sea homosexual.
T. Ah, ok, al descubrir esta afición suya pensaste que podría ser homosexual…
P. Sí.
T. ¿Y eso qué efecto tuvo en ti?
P. Miedo, espanto. Pensé que todos estos años fui engañada por él. Que mi matrimonio fue puro cuento y que él tenía doble vida.
T. Claro. Es esperable…¿Y has podido corroborar si es homosexual y que te engañaba en eso?
P. No sé... No entiendo… ¿Cómo corroborar? ¿No es obvio?
T. Tú sabes, ser homosexual es una condición compleja y una golondrina no hace verano. ¿Has visto otros indicadores de que es homosexual, aparte de vestirse de mujer?
P. ¿…?
T. Por ejemplo, ¿amaneramientos en sus gestos o su forma de hablar?
P. No.
T. ¿Algún tipo de interés o inclinación evidente de su parte hacia otros hombres?
P. No. La verdad, no.
T. ¿Lo ves frecuentar personas o lugares que de algún modo estén conectados con el ambiente gay?
P. No. Para nada. Nuestro negocio está en casa y él sale poco. Es hogareño.
T. Ajá, nada de escapadas nocturnas ni cosas por el estilo.
P. No.
T. Y, espero no ser imprudente con mi pregunta, ¿sexualmente notas algo que te indique que prefiera a los hombres? Tú sabes, el funcionamiento sexual no se puede fingir…
P. Bueno, la verdad, sí cumple conmigo. De hecho, parece que siempre tiene ganas. Yo tengo que andarlo frenando.
T. ¿Tú dirías que se excita contigo?
P. Uffff, sí sí sí.
T. Oh. Ya veo.
P. Incluso ha estado con otras mujeres. Él lo niega, pero yo lo sé. Es, o fue, mujeriego.
T. Bueno…entonces, ¿sí hay razones para creer que le gustan las mujeres?
P. Sí, claro.
T. ¿Y los hombres?
P. Bueno, ahora que lo vemos mejor, no.
T. Entonces, si no lo hubieses descubierto, ¿tendrías alguna duda o preocupación sobre su hombría, en base a lo que conoces de él?
P. No.
T. Ya. Aunque concuerdo contigo en que no es muy usual, y que hasta puede ser impresionante el descubrirlo, ¿en qué medida sería un problema el que tu esposo eventualmente se vista de mujer?
P. Bueno, aunque me suena raro decirlo, en nada...creo. Solo que yo lo sé.
T. Claro. Entonces, para ver si te entiendo, aunque a veces le gusta vestirse de mujer y saber eso puede ser muy impresionante, y hasta chocante, la evidencia indica que su comportamiento es masculino, le gustan las mujeres, siente fuertes deseos sexuales hacia ti…y también hacia otras mujeres. ¿Es correcto…?
P. Sí.
T.…y que si tomaras su gusto esporádico por usar prendas femeninas como una peculiaridad, que no afectó su vida en común sino hasta ahora al descubrirlo, ¿crees que habría que hacer algo con eso que descubriste?
P. Hmmm, pues supongo que no. Pero tendré que hacerme a la idea.
T. Cierto.
P. Pero una cosa sí quiero.
T. ¿Qué será?
P. Que se compre su ropa y no use la mía…


A veces desempacar el problema, usando la curiosidad como abrelatas, y viendo sus aristas e implicancias, puede ser suficiente para que se transforme y disuelva. O casi.

viernes, 26 de agosto de 2016

LA TERAPIA BREVE CENTRADA EN LAS SOLUCIONES: IDEAS Y PROCESO


REDUCTOR DE COMPLEJIDAD
1.    Es una estrategia de comprensión de un fenómeno.
2.    Supone simplificarlo lo máximo posible.
3. Eliminar los elementos constitutivos secundarios o irrelevantes hasta quedarse con lo mínimo necesario para comprenderlo.
4.    La comprensión suele venir luego de su transformación.
5.    Es también quedarse con lo mínimo necesario para transformar el fenómeno.
6.    En el caso de la TCS el elemento básico para comprender el cambio son las excepciones.

CASO
Juan es un estudiante de 4to ciclo de obstetricia. Es muy inteligente, capaz y competitivo. Y él lo sabe. Además es crítico. No se queda callado ante lo que le parece mal, ni siquiera frente a sus profesores y tutores. Busca orientación porque es consciente de que proyecta una imagen de seriedad y arrogancia. Eso le dificulta las relaciones interpersonales, especialmente a la hora de formar grupos de trabajo. Quiere orientación y le plantea ese tema a su psicólogo.
¿Qué sugieren que haga el psicólogo?
Ah, Juan también es muy crítico con los psicólogos que le han tocado hasta ahora. Ha tenido enfrentamientos y roces con algunos de ellos porque “le dan consejos que ya conoce, que ya intentó y no funcionan”. Les dice: “Cómo es que tú, siendo profesional, no puedes decirme algo que me sirva. Me dices lo que me diría cualquier persona de la calle”.

IDEA 1
Dar consejos, o sea, decirle a la persona lo que tiene que hacer frente a una determinada situación, está demostrado que funciona en poquísimas ocasiones.
Es un recurso muy sobre estimado. En el 90% de las veces quien recibe el consejo ya lo conocía. Esto desdibuja la imagen del que aconseja. Ese es el caso de Juan.

La costumbre de aconsejar se sustenta en las ideas de que:
1.    El ser humano es básica y esencialmente racional.
2.    Al pedir ayuda está necesariamente dispuesto a recibirlo. Todo él quiere cambiar.
3.    Frente a un problema el cambio siempre es bueno.
4.    Es un gesto de madurez seguir los buenos consejos siempre.
5.    El cambio no depende del momento o del contexto, sino de la buena voluntad.
6.    El rol del consejero es dar un buen consejo y nada más.

IDEA 2
La mejor manera de ayudar a otro es favorecer la búsqueda de recursos en la persona. Ningún problema es mayor que la persona que lo sufre. Toda persona tiene los recursos que necesita en su propia historia.
Si va a haber algún consejo, entonces, debe venir de adentro, desde los recursos identificados, y no impuesto desde afuera. La persona puede (y debe) auto aconsejarse.

IDEA 3
La experiencia señala que un problema, sea el que fuere, no se presenta siempre…aunque las condiciones para hacerlo estén presentes. A esto se le llama “excepción”.
La “excepción” es la expresión, muchas veces inadvertida, de los recursos de la persona. Esos que están en la historia personal de cada quien.
La solución a un problema viene de la aplicación consciente y deliberada de los recursos identificados en las “excepciones”.

IDEA 4
La mejor manera de utilizar los recursos para la solución de problemas es dejándose orientar por objetivos concretos.
La visualización de la solución en el cerebro constituye el 50% de la solución en sí misma.
El puente entre el estado actual (problema) y el estado deseado (objetivo), lo constituye la aplicación de los recursos idóneos identificados.

OBJETIVOS BIEN PENSADOS: Según Insoo Kim Berg
1.    Tener importancia para el cliente.
2.    Ser limitados.
3.    Ser concretos, específicos, y estar formulados en términos de conducta.
4.    Plantear la presencia y no la ausencia de algo.
5.    Que sean un comienzo y no un fin de algo.
6.    Que sean realistas y alcanzables dentro del contexto de la vida del paciente.
7.    Que se perciba que exigen un “trabajo duro”.

IDENTIFICACION DE EXCEPCIONES
Implica identificar:
1.    Momentos donde el problema no se presenta e indagar por lo que la persona hace diferente en esas ocasiones.
2.   Momentos anteriores en su historia donde logró superar, total o parcialmente, esa dificultad. Así sea en contextos diferentes o con otras personas.
3.    Momentos anteriores en su vida donde superó dificultades que, sin ser las mismas, guardan alguna semejanza con el problema actual.
4.    Cualquier pasatiempo, actividad, logro, modelo, etc., que pueda ser usado como recurso mediante la técnica de “copiar y pegar”.

PROCESO
Ver si esa “excepción” o recurso guarda relación con el objetivo deseado por la persona. ¿Es útil para él? ¿Lo valora?

Indagar:
¿Cómo se le ocurrió hacer eso antes? ¿Qué pasos dio en ese momento? ¿Cómo se sintió y qué pensó de sí mismo al hacerlo? ¿Qué fue lo útil de eso? ¿Qué cree que debería seguir haciendo o volver a hacer para empezar a solucionar su dificultad?

¿Qué resulta útil de esa experiencia? ¿Cómo se podría usar en la dificultad actual?
¿Fulano o Mengano que le sugerirían que haga? ¿Qué se sugeriría usted mismo desde el pasado? ¿Cómo se puede aplicar a tu caso actual?
Construir con la persona una realidad futura con el problema resuelto. Pensarlo al detalle, incluyendo las acciones, los pensamientos y emociones a ocurrir cuando el cambio se de.
Seleccionar de esta “realidad alternativa” un cambio mínimo inicial, un primer paso que suponga un pequeño desafío para la persona, y ver si lo acepta como “tarea para la casa”. Planteárselo como tal.
Indagar cómo se siente; si daría alguna sugerencia y concluir la entrevista.

ENTREVISTAS POSTERIORES
Iniciar las siguientes entrevistas indagando por los cambios positivos y mejorías que se han dado. Presuponer que los hay.
Solicitar descripciones en términos conductuales, cognitivos, afectivos y relacionales. Preguntar por detalles y tomarse todo el tiempo que se pueda.
Felicitar a la persona y buscar el autoelogio.
Medir el cambio y el logro del objetivo usando escalas de 0 a 10.

De ser necesario, consensuar una nueva tarea, sea repitiendo la anterior, adecuándola o estableciendo otra que parezca más idónea.

domingo, 3 de julio de 2016

¿DOBLE PERSONALIDAD?

El psicólogo Jerome Bruner -recientemente fallecido a los 100 años de edad- planteó que nuestra mente está organizada narrativamente. Lo que somos, nuestra identidad, es una historia co-construida con los demás y que nos contamos a nosotros mismos en el afán de entendernos y definirnos. En realidad no es solo una; son múltiples historias que nos sirven para narrarnos y darle significado a nuestras experiencias cotidianas. 

Por su parte, Kenneth Gergen definió a la persona como la intersección de todas sus relaciones y, por consiguiente, de todas sus historias. En otras palabras, somos seres multihistoriados. Esa multiplicidad de historias se desprende inevitablemente de la variedad de relaciones y contextos en los que participamos, y en los cuales vamos tejiendo relatos de identidad diferentes, que nos enriquecen como individuos. 

Para ser más claros aún podemos apelar al concepto de sinergia: cuando A + B produce C (siendo C la forma de ser de A, si es a esa persona a quién observamos). ¿Qué pasará si A interactúa con D, con E o con F? El resultado no seguirá siendo C, sino más bien X, Y o Z. 

Múltiples identidades. Múltiples “personalidades”, dependiendo de con quién se esté. Esto nos parecerá extraño, y hasta patológico, si todavía nos guiamos por la idea, ya en desuso, de que tenemos una sola personalidad, la que se supone nos debe dar coherencia y volvernos “estables”, predecibles y fácilmente comprensibles. Esta exigencia nunca ha podido ser cumplida, salvo quizá por personas con una vida pobre y monótona, que reflejan el mismo destello de luz una y otra vez, porque nunca se mueven del sitio en el que están. 

En conclusión ser “candil de la calle y oscuridad de su casa”, por usar la frase popular, está más cerca de la “normalidad”, que la heroica entereza. 

domingo, 27 de marzo de 2016

EL CERCO SEMÁNTICO EN LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DE REALIDADES E IDENTIDADES


En la actual coyuntura política electoral que vive mi país, el Perú, se escucha con frecuencia la expresión “cerco informativo”. Dicha expresión trata de graficar la práctica que ejercen los grupos de poder –propietarias de los medios masivos de comunicación-, tendiente a administrar el flujo de información de que disponen las personas. Estos grupos utilizan una especie de filtro, permitiendo que ciertas noticias sean difundidas y bloqueando otras, según sus intereses y agendas. Además, de ser necesario, recortan, distorsionan y hasta inventan la información a fin de generar el impacto social, político y económico que se desea lograr. Aunque existen otras fuentes potenciales de información (los blogs, la internet, los diarios digitales, y hasta el boca a boca), es innegable que los medios más formales y masivos son los que las personas privilegian, y de allí su poder.

A la expresión “cerco informativo” queremos sumar el concepto de “cerco semántico”, el mismo que vendría a ser consecuencia del primero, es decir, en algunas ocasiones, un efecto intencional, planificado e interesado, pero también, en otros contextos, la resultante casi inevitable y “casual” del accionar comunicacional de los sistemas lingüísticos rígidos, y, hasta cierto punto, cerrados.

Gergen (1997) dice “Las creencias en lo verdadero y en lo bueno dependen de que haya un grupo, inspirador y homogéneo, de partidarios de dichas creencias, quienes definan lisa y llanamente aquello que, según suponen, está “allí” sin lugar a dudas” (p. 13-14).

De lo dicho por Gergen quiero resaltar lo de “homogéneo”.

Cuando en un sistema lingüístico rígido se llega a esa homogeneidad en las conversaciones, a esa especie de consenso, es que ya hemos entrado en el cerco semántico. La metáfora del cerco nos parece adecuada porque en la mayoría de las interacciones y conversaciones que se mantienen se usan las mismas claves y las mismas comprensiones (o muy similares), generando un efecto de uniformidad monocorde y monosemántica de la que es difícil escapar. Es como sí, se mire donde se mire y se escuche lo que se escuche, se obtienen los mismos significados o poco menos.

El efecto que esto puede producir en la generación y sostenimiento de las identidades, tanto individuales como grupales, es evidente. Lo más probable es que surja la sensación de ser único, uniforme, unidimensonal, con una identidad y una personalidad rígidas, incambiables, esenciales y predeterminadas. Aquí los viejos discursos biologistas, neurológicos y genéticos hacen su aparición para confirmar que estamos ante una “naturaleza”, individual o colectiva (White y Espton, 1993).

Pongamos un primer ejemplo. En cuanto una persona refiere a otra que escucha voces, pone en marcha sin saberlo una cadena de acciones y reacciones culturales, que se nutren de los discursos médico y psicológico en vigencia, y que la terminarán ubicando en el rol de enferma, siguiendo una “ruta” preestablecida socialmente para los que padecen ese tipo de “síntoma” (Whitaker, 2015).

Al respecto, Eleanor Longden, en su conferencia Ted "Voces en mi cabeza", refiere que sus dos grandes errores fueron, primero, comentarle su experiencia de oír voces a una amiga, la misma que se asustó y le pidió insistentemente que busque ayuda médica y, segundo, ir a buscar esa ayuda con un profesional que prácticamente la desahució y le dijo que menos malo hubiese sido si le daba un cáncer en lugar de “tener esquizofrenia”.

En el cerco semántico de Eleanor, la amiga y el psiquiatra fueron los dos primeros ladrillos. Claro, el hecho mismo de que  necesitase contarlo, venciendo la vergüenza y el miedo, es un indicador de que ese “panóptico internalizado”, propio de la sociedad disciplinaria y normalizadora en la que vivimos (Foucault, 2006), ya era parte de la narrativa de la propia Eleanor. En su caso el cerco, entonces, comenzaba en ella misma y se fue tejiendo, cada vez más densamente, a medida que iba internándose en los recovecos de los servicios de salud.


Le tomó siete años, y la suerte de toparse posteriormente con profesionales que hicieron la diferencia (profesionales ubicados "del otro lado"), para ir saliendo del cerco semántico de la medicina formal, y poder resignificar el escuchar voces como una experiencia más y no como un síntoma patognomónico de enfermedad. Todo el malestar, el sufrimiento, y los otros problemas que surgieron por el hecho de vivir cercada, se fueron poco a poco, a medida que aceptaba sus voces y aprendía a vivir con ellas. Salir del cerco la curó. No el dejar de escuchar las voces.

Simplifiquemos el proceso. La persona tiene experiencias precalificadas culturalmente como anormales; recurre a alguien –familia, amigos, profesionales- en busca de apoyo, y obtiene a cambio miradas, expresiones, comentarios, evasiones, diagnósticos, admoniciones, sospechas, desconfianzas, exigencias e incluso presiones, que la empujan en la dirección de ese gran campo semántico llamado patología. Sí, como diría Wittgenstein (1999), los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo, el mundo de la persona patologizada, ubicada dentro de este cerco semántico, se ve sustancialmente restringida.

Utilizando aquí el concepto de performatividad, desarrollado por Judith Butler (2006) para entender la identidad de género, el cerco semántico produciría “enfermedad mental” performativamente. Detectado lo anómalo, va tejiendo en torno tuyo, cual pijama, una identidad limitada y limitadora que direcciona tu vida y se sostiene por los discursos de imposibilidad (O’Hanlon, 2001).

Escuchar voces y ser diagnosticado, entonces, limita a la persona, pero no necesariamente por lo que realmente le genera “su enfermedad”, sino por lo que “se supone” le genera: una de las primeras cosas que se le sugiere al esquizofrénico debutante es que deje de estudiar o renuncie a la intención de hacerlo, porque "no va a tolerar el estrés". De igual manera, que no se case ni tenga hijos "porque es una enfermedad hereditaria". El diagnóstico conlleva cancelar muchos proyectos y cerrar muchas puertas. Una verdadera encerrona, un cerco.

¿Existe alguna vía de salida? Creemos que sí. Deconstruir los diversos componentes que conforman en cerco semántico de la enfermedad y validar las experiencias, sean cuales fueren, es una forma de ir abriendo brechas que vayan liberando a las personas de destinos preestablecidos. En ese sentido, la ética de la externalización que plantean White y Epston (1993) es un medio muy interesante para ir separando a la persona de los problemas, a la par que también se puede externalizar los discursos de déficit e imposibilidad que se han ido internalizando por la educación.

El cerco semántico es una fuente de significados restringidos que a su vez restringe las interpretaciones y las formas de construir la realidad. Limita las prácticas y las opciones para transformar esa realidad. Es un mecanismo recursivo, pues el cerco lleva a prácticas que a su vez mantienen vigente al cerco.

Como dice Heinz von Foerster (2014), "El lenguaje y la realidad están íntimamente conectados, por supuesto. Suele sostenerse que el lenguaje es la representación del mundo. Yo más bien querría sugerir lo contrario: que el mundo es una imagen del lenguaje. El lenguaje viene primero, el mundo es una consecuencia de él" (p. 100).

Referencias.
Butler, J. (2006). Deshacer el género. Barcelona, España: Paidós.
Foerster, H. (2014). Visión y conocimiento: disfunciones de segundo orden. En: D. Fried (Ed.). Nuevos paradigmas, cultura y subjetividad (pp. 91 – 114). Ohio, USA: The Taos Institute.
Foucault, M. (2006). Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión. Buenos Aires, Argentina: Siglo Veintiuno Editores.
Gergen, K. (1997). El yo saturado. Dilemas de identidad en el mundo contemporáneo. Barcelona, España: Paidós.
O'Hanlon, B. (2001). Desarrollar posibilidades. Barcelona, España: Paidós.
Whitaker, R. (2015). Anatomía de una epidemia. Medicamentos psiquiátricos y el asombroso aumento de las enfermedades mentales. Salamanca, España: Capitán Swing Libros.
White, M. y Espton, D. (1993). Medios narrativos para fines terapéuticos. Barcelona, España: Paidós.

Wittgestein, L. (1999). Investigaciones filosóficas. Barcelona, España: Ediciones Altaya, SA.

sábado, 30 de enero de 2016

PAPEL DE REGALO TERAPÉUTICO.-

Una pregunta que ayuda a identificar la postura del cliente, utilizar luego dicha postura para acceder al consultante y "vender" la sugerencia, puede ser: ¿Cómo te gustaría que sea tu vida? ¿Cómo te gustaría vivir?
La respuesta suele ir acompañada de valores, metas, expectativas, que pueden ser el "envoltorio" de la sugerencia futura.
Si la persona dijese, por ejemplo, "quiero que mi vida sea tranquila y llena de afecto", podríamos usar la tranquilidad y el afecto (valores importantes para la persona) como una forma de darle un sentido más personal a la sugerencia terapéutica, y motivar así su cumplimiento.
Tomando el ejemplo anterior podríamos decirle: "De lo que te hemos escuchado decir, queremos rescatar algo que, a nuestro entender, podría ayudarte a lograr una mayor tranquilidad y a ir construyendo un clima más afectivo como el que tú deseas...", y agregar aquí la sugerencia. De preferencia, una sugerencia que sea la expresión concreta y práctica de una recurso claramente establecido en la conversación previa.
Gracias al Dr. Ruperto Charles por la idea.

MIL MANERAS DE EMPEDRAR TU CAMINO AL INFIERNO CON BUENAS INTENCIONES

CASO DE LA VIDA REAL N° 325
Voy caminando por la calle, esquivando taxis y combis, cuando llama desde el Japón una señora desesperada. Se le nota en el tono de voz y en el ritmo acelerado. Habla hasta por los codos, corta, no deja responder, interrumpe. Clama, ruega, implora. Lloriquea en el auricular que le salven al hijo que no se deja ayudar. La verdad, impacienta un poco escucharla.

Encerrado en su cuarto hace semanas, el hijo casi no come, no estudia, está dado al abandono y culpa a la mamá (a la que no ve hace buen tiempo) de ve tú a saber qué desatinos del pasado.
Comprensible la desesperación y la verborrea consiguiente de esta madre.
El hijo es un hombre hecho y derecho; no es un adolescente hace mucho. Fue a varios profesionales y no volvió porque no hicieron magia en una sesión. El no los buscó ni los pagó; lo hizo la madre desde el otro lado del planeta. Ahora quiere intentarlo conmigo.
Esta historia nos demuestra que los problemas nunca son individuales. Siempre son relacionales. Los síntomas los tiene el hijo pero el problema es de la madre. La madre se lo compró íntegro aunque a quien le pica es al hijo. Pero no deja que lo rasquen.
Esta "patología" es la resultante (entre otras variables) del tironeo entre la madre y el hijo, sazonado con historias del pasado que le dan justificación a las acciones que se emprenden ahora, y le otorgan un marco de inteligibilidad: "está enfermo, help".
También nos indica por qué no es bueno ir por delante del "paciente", usurpando la responsabilidad por su salud, y generando en consecuencia nuevos problemas.
Sarna con gusto no pica, ¿recuerdan?
¿Qué se le dijo a la madre? Más o menos...
Primero, que vea si puede quitarse el tono quejumbroso de la voz, que muy probablemente el hijo capta, y que lo debe desesperar como lo hizo un poco conmigo en treinta segundos.
Segundo, que deje el pasado atrás, porque los "errores" cometidos "in illo tempore" no tienen nada que ver con lo que pasa ahora (los problemas se emancipan de sus "causas").
Tercero, que le ofrezca ayuda al hijo como si le ofreciera una bandeja de bocaditos: "¿quieres? ¿gustas". Y si no quiere que le diga que la bandeja está allí para cuando lo desee. Es, creo, una variante de lo que Nardone sugiere: "me gustaría que hagas tal cosa pero no puedo obligarte".
Cuarto, que deje que el hijo se "macere" un rato en los jugos de su problema sin meterse ella tanto, hasta que el problema del hijo vuelva a ser el problema del hijo. Recién ahí este querrá hacer algo real. Seguro.
Si alguien se queja de comezón no hagas nada hasta que te pida que lo rasques. A lo más pregunta, ofrece, para quedar bien con tu conciencia.
No se puede jalar a nadie hacia la salud.